Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
26 septiembre 2011 1 26 /09 /septiembre /2011 21:57

Sin duda, la reforma de la ley electoral es uno de los temas más candentes en la actualidad de nuestro país. Parece que es vox populi la necesidad de reformar un sistema que ya fijó Suárez en el 77, antes incluso que nuestra Constitución, y que no se ha adaptado a los cambios sociológicos y demográficos habidos desde entonces. Vamos a analizar este problema partiendo primero de los hechos. 

 

¿Cuál es nuestro sistema electoral? (me referiré siempre al Congreso, ¿del Senado para qué hablar dada su utilidad?) Nuestro país está dividido en provincias, y en cada provincia se elige a un número de diputados. Esto significa que un ciudadano de Soria elegirá solamente a los representantes por Soria, y uno de Asturias a los de Asturias. Esta es a mi modo de ver la primera incoherencia, pues estamos eligiendo a personas que se presentan en representación de provincias para un parlamento que representa la soberanía popular, la cual no está dividida por provincias, sino que es una, y lo que quiere un Leonés no es distinto de lo que quiere un Palenciano en el 99% de los casos.

 

Dentro de cada Provincia se eligen como mínimo 2 diputados (Ceuta y Melilla eligen a uno cada uno). Luego se dan diputados adicionales en función de la población. Para repartir los escaños de cada provincia se utiliza la ley D'Hondt, no se reparten proporcionalmente. La ley D'Hondt es un sistema pensado para favorecer a la lista más votada. Voy a deshacer aquí un mito que corre por la opinión pública: No es la ley D´Hondt la que hace nuestro sistema injusto en sí; no es la que beneficia a los nacionalistas en sí. Luego hablaré más sobre este punto pero para entendernos: Con esta ley lo que se pretende es que haya mayorías cualificadas y evitar parlamentos a la italiana (70 gobiernos en 50 años, porque allí los escaños se reparten proporcionalmente y nunca hay mayorías suficientemente sólidas, los partidos recurren a alianzas contranatura entre ellos, y es por eso que sus candidaturas acaban en escándalos y elecciones anticipadas).

 

Recapitulando, la Ley D'Hondt no es una perversión excesiva del sistema, y si no existiera debería haber otra similar que nos cuidara de semejante desgobierno. Lo que de verdad pervierte nuestro sistema es el hecho de que elijamos por provincias. Dejad que lo ilustre con ejemplos: Tenemos 50 provincias, de las cuáles la mayoría ni siquiera llegan al medio millón de habitantes. Como solo elegimos 350 diputados, y el mínimo son 2 diputados por provincia, si haces cuentas, te sale que en la mayoría de las provincias se eligen 5 o menos diputados. En Asturias, que es la que más cerca tengo, con más de un millón de habitantes, elegimos 8, y es la décimotercera más poblada.  ¿En qué se traduce esto? Pues en que en la mayoría de circunscripciones, por no decir en todas menos en las más grandes (Barcelona, Valencia, Madrid, Málaga y Sevilla) hace falta del orden del 15%-20% de los votos para obtener un escaño. Si no lo consigues, tu voto no valió nada. Hay que tener en cuenta que la Ley D´Hondt, que se aplica en el reparto dentro de cada provincia, favorece a las listas más votadas de cada provincia y perjudica sobremanera a las minorías (la segunda fuerza se queda más o menos en tablas). Eso hace que aunque proporcionalmente en Asturias bastaría con un 12-14% de los votos, en la práctica es más.

 

Si esta es la situación en Asturias pensad en Segovia, donde eligen 3 (ahí hace falta un 33% grosso modo) o incluso hay algunas donde el resultado electoral se puede predecir de antemano (aquellas en las que se reparten 2, 4 o 6 escaños, porque van a quedar PP PSOE en igualdad, 1 y 1, 2 y 2 o 3 y 3. Esto se debe a que habiendo tan pocos ha repartir, y a pesar de que la Ley D'Hondt favorezca al más votado,  es casi imposible lograr una ventaja que permita sacar un 2 a 0, un 3 a 1 o un 4 a 2 (esta última ya es algo probable, de hecho la victoria de Cospedal en Castilla la Mancha se debió a algo similar, pero esa es otra historia... y estas cosas suceden muy de cuando en cuando y obedeciendo a circunstancias muy concretas y excepcionales que rara vez se repiten). Incluso en aquellas donde se reparten 8 como Asturias, los resultados históricos demuestran que la tendencia es al empate 4 a 4, rara vez se logra un 5 a 3, y más raro aun es que se logre un 4-3-1 de un tercer partido (aunque ha pasado).

 

Pues bien, tenemos ya la primera gran disfunción del sistema, a saber: Que un gran número de provincias solo admiten que PP y PSOE obtengan representación, y en muchas de ellas se está abocado al empate casi por sistema. Esto en la práctica se traduce en que los representantes de la mitad de los españoles están predestinados a ser de los grandes partidos, sin importar lo que voten. Esto va en detrimento del debate parlamentario y del interés de la gente por la política, desde luego. Voy ahora a resolver esa duda que por tu cabeza se plantea hasta ahora: seguramente estés pensando: Bien, tal y como me dibuja el Oso Yogi el panorama, lo lógico es que fuéramos un sistema casi bipartidista, ¿Por qué tienen tanta fuerza los Nacionalismos?

 

Pues muy simple amigo, ¡Se han adaptado al sistema! O mejor aún... son la consecuencia lógica de él... pensémoslo, con este sistema de circunscripciones tan pequeñas, es imposible que un partido nacional crezca, o muy difícil (mirad a Rosa Díez o a Cayo Lara, que por cierto, son ambos los abanderados de la reforma hoy en día), y entonces alguien piensa: ¡Hagámonos nacionalistas! !Efectivamente, concretemos nuestro voto en un lugar, en una provincia, así nos llevamos todos los escaños de esa provincia al ser los más votados en ella y zaca, aunque tengamos cuatro votos a nivel nacional tenemos 5 diputados¡ Un ejemplo práctico: En Bilbao se reparten del orden de 8 diputados, en Gipuzcua del orden de 5 y en Alava 4. Soy el PNV, consigo ser la fuerza más votada de Bilbao y obtengo digamos 4 diputados (3 para el PSOE, 1 para el PP), la segunda de Gipuzcua (2 para mí, 2 para el PSOE, 1 para el PP) y en Alava araño un escaño, total: 7 diputados. Votos totales: 100.000. Proporcionalmente no les corresponderían más de 2.

 

Ahora al revés, soy Rosa Díez, consigo el 3% de los votos de cada provincia (por cierto, se me olvidaba, si no llegas al 3% de los votos de una provincia, no entras en el reparto, es una medida de cierre para evitar que entren partidos pequeños, su repercusión es escasa porque en la práctica en la mayoría de provincias necesitas más que un 3% para obtener diputados, de hecho solo es un límite como tal en Madrid y Barcelona). Ese 3% de los votos supondrían en total de votos 1.000.000 grosso modo. Se traducirían en 1-2 escaños, uno por Madrid y otro por Barcelona (suponiendo que en todos obtiene el 3% exacto). Proporcionalmente les deberían de corresponder 10-15.

 

Resumiento todo lo dicho, el elemento distorsionador de nuestro sistema son las circunscripciones provinciales. Estas favorecen cuando no el bipartidismo, el voto concentrado en una región. Esto maximiza el éxito de los nacionalistas. Ahora toca reflexionar: ¿Es justo este sistema? Yo digo que no, porque hace que el voto valga diferente según el territorio en el que se vote.

 

En contra de la reforma del sistema he oído dos argumentos básicamente, que pueden ir de la mano: el primero es que todo sistema tiene quien sale ganando (en nuestro caso grandes partidos y nacionalistas) y quien sale perdiendo (resto de partidos nacionales); el segundo, que necesitamos un sistema que favorezca la gobernabilidad y este ha demostrado que lo hace.

 

Respecto de la primera afirmación, debo decir que es cierta, pero que no justifica ni que haya tan grandes diferencias (últimas elecciones: IU con casi un millón de votos 2 escaños, PNV con menos de 200.000 7) ni que nos quedemos así. Yo digo más bien lo siguiente: Dado que alguien tiene que salir perdiendo, y puesto que estamos hablando de una cámara que representa la soberanía popular, que salgan perdiendo los que menos la representen, para distorsionar menos esa soberanía. A continuación me hago esta pregunta: ¿Qué es más representativo del sentir general de una población: 1.000.000 de votos en una provincia o 1.000.000 repartidos por todo el territorio? ¿Qué tiene más posibilidades de obedecer a un interés general y no a intereses partidistas, particulares etc.? y ya contestando a la vez al segundo argumento...¿Qué interesa más para la gobernabilidad de la nación? ¿Decenas de pequeños partidos que miran solamente por los intereses de ciertas regiones o partidos nacionales que miren por los del conjunto? ¿Cual de los dos grupos permitirá una mejor gobernabilidad a largo plazo? Para mí la respuesta es clara. Por cierto, un último inciso, si lo que se quiere es una representación territorial (a la que yo no veo mucho sentido, aunque esa sea otra historia...) para eso está el Senado, en el Congreso se representa a toda la nación, no a los territorios sino a la gente, y a toda la gente por igual, sin discriminar.

 

Para concluir, mi propuesta de futuro: Creo que lo mejor sería una única circunscripción electoral donde todos los votos valieran lo mismo. Eliminaría la barrera electoral del 3%, o la dejaría en el 1% (para evitar una excesiva atomización con pequeños partidos sin coartar demasiado las posibilidades de entrada de minorías, pero este es un tema que me gustaría estudiar antes de pronunciarme) y seguiría aplicando la ley D`Hondt u otra alternativa para asegurar la gobernabilidad del sistema junto a una distribución equitativa del parlamento. No me gusta el sistema de reparto estrictamente proporcional al estilo italiano, en teoría parece el más justo, pero los resultados prácticos asustan, debo rendirme a la evidencia. Como esto es muy utópico, servidor se adhiere a la propuesta de cierto partido, la cual leí ya hace unos años, en la que la mitad de los diputados se eligirian grosso modo por este sistema y la otra mitad igual que ahora, solo que en vez de por provincias por Comunidades Autónomas. Eso evitaría que las diputaciones fueran tan pequeñas que en la práctica solo se escogieran cuatro o menos escaños por circunscripción. El problema es que en las Comunidades uniprovinciales pequeñas en población (Asturias, Cantabria, Navarra y especialmente La Rioja) seguiríamos igual que hasta ahora. Quizá aumentando el número de diputados de 350 a 400 o a más para que se pudieran elegir en mayor número se ahorraría. Si me preguntáis de dónde sacamos dinero para este aumento de gasto yo digo lo siguiente: Eliminemos el Senado y cada tres senadores que quitemos agregamos un diputado. Salen más de 50 nuevos congresistas y ahorraríamos dinero... sin embargo el Senado será otra historia...

 

!Ah¡ solamente una cosa más: es posible una reforma de la ley electoral sin cambiar la Constitución, pero sería una reforma muy light y que solo mejoraría ligeramente el sistema. Serían cosas como reducir de 2 a 1 el mínimo de escaños por provincia, cambiar la ley D´Hondt por la de restos o subir de 350 a 400 el número de diputados. La posibilidad está ahí, pero yo creo que mejor lanzarse a por todas y cambiarla de una vez para siempre en vez de poner parches y que en unos años resurja este debate.

Compartir este post

Repost 0
Published by osoyogi - en Política
Comenta este artículo

Comentarios